Columnistas

- ¿Repudio...? ¡Castigo!

(Por: Jaime García Elías / El Informador)

Sería ridículo… si no fuera patético.

-II-

De entrada, la coincidencia en el tiempo: mientras el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del Gobierno federal, Alfonso Durazo, aseveraba, el lunes, que las estadísticas muestran “una inflexión” que permite avizorar una disminución de la inseguridad -la gran preocupación de la mayoría de los mexicanos-, en la comunidad de “El Guaje”, municipio de Aguililla, Michoacán, 13 policías estatales eran abatidos por un comando integrado por alrededor de 30 miembros de un cártel delincuencial, que se desplazaron en siete camionetas. Otros cuatro policías resultaron heridos. Al cabo del ataque, en que emplearon armas de alto poder, rifles antiaéreos y granadas de fragmentación, los agresores huyeron. Al parecer, todos ilesos.

Después, las reacciones de las autoridades: la declaración de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, en el sentido de que los hechos fueron “un accidente lamentable”. Si accidente, por definición, es “un hecho eventual, imprevisible, del que involuntariamente resulta un daño”, lo del lunes en “El Guaje” -perpetrado con premeditación, alevosía y ventaja- ni fue un accidente, ni fue -como dijo ella misma- “una circunstancia que se dio como se dan todos los eventos en el país, todos los días, a todas horas, en todos los lugares del país”... A no ser, claro, que deba aceptarse que a eso estamos condenados los habitantes de este país: a que la violencia, el crimen y la muerte sean la regla, y el orden, la tranquilidad y la paz, la excepción.

-III-

Ayer, durante la ceremonia luctuosa oficial, en Morelia, el gobernador Silvano Aureoles invitaba a la sociedad en pleno a “repudiar” esas acciones, y enviaba a su vez un mensaje al Gobierno federal: “Los delincuentes no entienden”. Tácita reprobación, esto último, a los discursos utilizados hasta ahora como estrategia para combatirlos: desde los “abrazos, no balazos” hasta la recomendación de que piensen en sus madrecitas, pasando por el “fuchi, guácala” que también sería anecdótico si no fuera patético.

Aureoles aseveró, reiterativamente, que “no habrá impunidad” para el episodio en comento. Lo mismo dijeron otros cuando un grupo criminal arrojó cinco cabezas humanas en la pista de un bar en Uruapan, hace 13 años, o cuando 19 cadáveres amanecieron colgados en un puente peatonal, también en Uruapan, hace dos meses.

Si no se acompaña por acciones y el delito no se combate con la fuerza -potestad (¡y obligación, en determinadas circunstancias!) de la autoridad-, el repudio no pasa de ser palabrería hueca.