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LA PINTURA TAURINA…

Por: Jaime Silva Gutiérrez

Sí, la pintura taurina por su gran afición a la fiesta brava, la más bella de todas las fiestas, está de luto, al igual que el gran número de personas que fueron discípulos del profesor Ernesto Morales Bolaños, sus compañeros de profesión a quienes representó durante varios años como funcionario del Sindicato de Maestros y el crecido número de amigos aficionados a la tauromaquia, estamos de luto.

El pasado lunes dejó de existir, víctima del mal de actualidad, quien fuera personaje distinguido en su profesión, en su representación sindical y destacado  pintor de la Fiesta, afición que practicó durante muchos años sin afán de lucro, pues muchos de sus trabajos fueron a dar, gratuitamente, a manos de sus amigos taurinos.

Novilleros en el retiro, periodistas, aficionados, tenemos alguno de sus trabajos, que desinteresadamente ponía en nuestras manos después de la celebración anual a la Virgen de la Macarena, en San Francisco o San Sebastián, o a quienes les llevaba a su domicilio particular;  en muchos muros poblanos, cuelgan sus oleos mostrando bellamente las suertes ejecutadas en los redondeles.

Personaje fuera de serie en este mundo taurino, por su fina educación, su cultura, personalidad, magnífico trato; enamorado de la fiesta y ferviente devoto de Nuestra Señora de la Esperanza, la Virgen de la Macarena, patrona de los toreros del mundo. Y también de los que quisieron serlo o simples aficionados.

Gran ausencia es desde ahora la de Ernesto Morales, a quien apenas hace unos días le invitaba a participar en el concurso “La Fiesta que quiero”, como pintor destacado y su larga vida de aficionado taurino, pero la pandemia le tocó y es una víctima más de ella. Enviamos nuestras condolencias a su señora esposa y a toda su familia y él, que descanse en paz.

Ernesto heredó de su señor padre la afición taurina además practicaba la charrería y lo llevaba a las corridas en “El Toreo de Puebla”; su señora madre pintaba, él desde los catorce años empezó a hacerlo al tiempo que con otros chavales de su edad “corría la legua” para torear, ellos eran entre otros Alfonso Arellano, Francisco Montero “Belmonte”, Emilio Valencia, llegando a actuar como parte de cuadrilla en la Plaza del Charro.

A muy corta edad vio torear a “Manolete”. Los cuadros de los pintores de ese tiempo, Ruano Llopis y Francisco Flores y algunos otros, como no podía adquirirlos, decidió copiarlos y así logró tener un crecido número de pinturas, habiendo participado con ellas en varias exposiciones colectivas y algunas individuales.

Descanse en paz el buen amigo y pintor taurino.

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Mi agradecimiento a los buenos amigos de Aguascalientes y San Luis Potosí, por los magníficos regalos literarios que me han enviado, así como al gran taurino que es Pepe San Martín, pues por la obligada encerrona (y no es comercial) aprovecho para disfrutar la lectura de nuestro tema favorito.

Leyendo revistas y periódicos atrasados he encontrado nombres y lugares de Puebla en que la fiesta y su mundillo era tan diferente al actual, en que funcionaban varias empresas que daban “toros” –aunque se lidiaran vacas- en La Lidia, Plaza del Charro, municipios y Juntas Auxiliares, en que había frecuentes festejos.

Y en ellos participaban una treintena de novilleros, choneros, maletillas, había varios “empresarios” que les ayudaban, grupos y peñas, daban vida a la Puebla Taurina.

 Y …  ¡Suerte!